Friday, October 27, 2006

Acerca de la Memoria

Estas reflexiones, entre otras, fueron hechas por mí en el marco de un debate internetiano a raíz de la promoción en un sitio web de un evento que se llevó a cabo en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, denominado “Jornadas Economía y Memoria”, asociación terminológica que, a mi criterio, tiene que ver tanto como el Chancho con la Velocidad.

- ¿Hasta cuándo seguiremos refregándonos en la memoria de un pasado del que no deberíamos enorgullecernos? ¿Hasta cuándo seremos presas del romanticismo militante incapaz de comprender la complejidad de la vida social? ¿Hasta cuándo seguiremos proscribiendo al presente en nombre del pasado?

- Hay ciertas ideologías que se nutren del pasado que tienen como soporte de su estructura de pensamiento la permanente referencia de los tiempos idos. No hacen otra cosa que jaquear el presente (y con ello el futuro) revelando nostalgiosa y melancólicamente una manifiesta incapacidad para moldear la realidad que nos gustaría. No estoy diciendo que los hechos de la historia deban ser ignorados, pero la obsesiva y constante referencia a la memoria es parte de una fuerza patológica que prefiere sobreponer el tiempo muerto por sobre el que nos toca vivir, desarmando, paradójicamente, la vitalidad que se requiere para crecer (en todo sentido). Especialmente cuando se trata de un pasado lleno de frustraciones, terror e incapacidad creativa.

- Creo que es una falta de convicciones pensar que si las horribles cosas que pasaron no son revividas periódicamente volverán a repetirse. Una cosa es la historia y otra es la memoria. Hacer regresar permanentemente el pasado, ya como ritual o ceremonia, es ponerle límites a nuestras actuales capacidades creativas.

- La memoria es, o un concepto científico relacionado con la neurología y en menor medida con la psicología, o bien una categoría moral, y es en este último sentido en el que se la hace jugar como premisa conservadora. Sirve, al contrario que la historia, para moldear el pasado con las lentes del presente. Conservadoras son, en nuestro país, las ideas progresistas (en la interpretación argentina del término progresismo) que no pueden otra cosa que permanecer inmóviles e impotentes ante una realidad que requiere, para su aprehensión, nuevas capacidades, innovadoras modalidades de relacionamiento y, sobre todo, velocidad.

- Se recurre a la memoria y no a la historia porque no se acepta la complejidad de las relaciones de poder que determinaron, determinan y lo harán por siempre, nuestras vidas. Y la memoria, como mecanismo moral de regreso al pasado (con la finalidad de moldearlo conforme a los balances en las dinámicas del poder del presente), es fundamentalmente expresión de la incapacidad para desplegar procesos productivos (personales o comunitarios) en el marco de realidades que siempre son más crudas y difíciles de lo que nos gustaría. Pero así es la vida.

- La memoria no es más que una militancia narcisista, autorreferencial, que, por temerosa, busca escudarse en la legitimidad que otorgan ciertas concepciones morales para resignificar el pasado y ...encontrar culpables, los cuales, como siempre, serán otros. ¡Cómo si con eso, mágicamente, alumbráramos un futuro promisorio!

- La memoria funciona como un hecho político que hoy reivindicará determinados valores y, dentro de un tiempo, cuando la correlación de fuerzas determine otros actores detentando el poder, reivindicará otros. Y en esta posta de imposiciones de perspectivas nadie gana. Las mismas instituciones que hoy son utilizadas para encontrar los culpables del pasado, son las que ampararon a muchos que formaron parte de esa época nefasta. De esta circularidad viciosa debemos salirnos. Y la única manera de hacerlo es abocándose a producir presente.

- El tiempo pasa, y la vida no es tan larga como para tener que dedicar tanto de ella al pasado, porque nos perdemos la posibilidad de vivirla afirmativamente. Como a muchos, ese pasado me afectó. Y no es que crea que aquí no pasó nada. Simplemente opté por vivir la vida, por enseñar a mis hijos a confiar antes que a desconfiar, por mostrarles que podemos hacer un país mejor pese a tanto dolor. Dolor que es difícil de cerrar, pero que al menos deberíamos intentarlo. Esto significa que quienes no formamos parte de la justicia, deberíamos poner las energías en otro lado.

- Es obvio que nos podemos olvidar. Es simplemente imposible. Y que haya gente que no se horrorice por lo que pasó es también parte del juego de ideas que una democracia debe permitir…y no será un problema en la medida en que no les demos, como sociedad, el espacio para que aquello se repita. Pero esto no sucederá no porque hagamos uso de la memoria, lo hará si comenzarnos a ocuparnos de resignificar, no ya el pasado sino el presente. No hay que temer al respecto. Los jóvenes no podemos vivir presos del pasado lamentable que no gestamos.

- Volver tan obsesivamente al pasado a través de la memoria no hace otra cosa que darles una entidad a delirantes y asesinos que por suerte no la tienen ya. No seamos paranoicos. La recurrencia patológica a la memoria que se observa en la actualidad, paradójicamente, es contraproducente. Ha logrado instalar en la agenda nacional, niveles de conflicto social que estaban de algún modo superados.

- La memoria consigue que los jóvenes (además de interpretar la historia que no vivieron, en claves del presente), se formen en el miedo y en la desconfianza para construir el presente y el futuro. La memoria funciona como un proceso que finalmente reproduce la amargura y el resentimiento respecto de hechos lamentables de nuestra historia (no tan reciente, 30 años es casi media vida). Sería mejor utilizar esas energías juveniles en desarrollar efectivas estrategias de promoción de los talentos que aporten al crecimiento del país.

- No se trata de negar el pasado, pero es muy mezquino y pusilánime recostarnos en él para explicar que tenemos un presente que no nos satisface. La posibilidad de no repetir hechos como los del pasado no depende de mantenerlos a flor de piel 30 años después, sino de construir hoy, en el presente, las fortalezas necesarias para conferir sentidos y no recortar las libertades que hoy disponemos. Estaríamos mucho mejor si, en vez de gastar tantas energías en causas bienintencionadas pero infértiles (como la memoria para quienes no tuvimos nada que ver con esa época), cada uno pusiese sus energías creativas en buscar el bienestar personal.

- Los “progres” son increíbles! Ni bien perciben algo que no cuadra con su restringido y dogmático marco ideológico, transforman al otro en poco menos que en cómplice de lo que suponen querer corregir. No les interesa debatir, no pueden. No pueden combinar ni ideas ni perspectivas. Son tan rígidos como la iglesia medieval. No saben otra cosa que el recitado de que son buenitos, que quieren un país mejor, sin desigualdades, y que todo aquél que no piense como ellos atenta contra la vida, los derechos humanos y tantas cosas más. Deberían ponerse los pantalones largos de la vida, entender las complejidades de la misma, y ser conscientes de la fábrica de intolerancia que están ayudando a construir!, Y dejarse de joder con acciones cuya única finalidad es autojustificatoria (vaya a saber uno de qué cosa).

Puede verse el debate completo en la página de Econored.

Link: http://www.econored.org/foros/foro3.php?id_foro=7&id_tema=133


La foto es de un naranjo que plantamos hace un par de semanas mis hijos y yo. En pocos días, con el buen sol de la primavera y el riego necesario, floreció, ofreciéndonos un perfume increíble. En un par de meses, entregará las primeras naranjas. Seguramente pocas por ser el primer año, pero irán en aumento en la medida en que sigamos trabajando por su crecimiento.

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