
Octubre, a diferencia de mayo -otro mes de alto simbolismo izquierdista-, carece en La Plata del misticismo de este último. Hecho que revela la extracción fundamentalmente estudiantil de las movilizaciones locales. Pero este octubre parece ser algo diferente. Este octubre parece que se mostrará distinto, marchoso.
Días pasados ingresaron al aula en la que me encontraba dando clases una parejita de militantes que pidieron “un par” de minutos para pasarles cierta información a sus compañeros. Lo cierto es que a las 20 palabras no alcanzaba el planeta para llenar las convocatorias a las causas que estos jovencitos querían invocar. En uno de esos pastiches que solo la izquierda sabe componer, mezclaban chicha con limonada explicando, reveladoramente, que el pasado está vivo y que la lucha continúa.
Mi impresión fue ingrata, de dolor. Conozco al detalle las modalidades patológicas de la militancia izquierdista y, habiéndolas podido sortear hace ya varios años, cada vez que aparecen las desvariadas imposturas de su versión universitaria, no puedo otra cosa que sentir el impulso de pensar: ¡qué manga de boludos!
Pero lo cierto es que estos aparentemente inofensivos jovenzuelos son el último eslabón de una cadena logística de frustraciones, resentimiento y negación de la vida que dicen querer mejorar. Gente con severas restricciones al pensamiento y con un mundo emocional seriamente dañado. Son, esencialmente, necrófilos. Adoran y reverencian la muerte de un modo permanente. Tienen la capacidad de reinventar el pasado hasta transformarlo en un presente con el tenor de odio del de ayer, y viven de inyectarlo en todo aquél que se les cruce por delante.
Volviendo a octubre. Octubre es un mes de importantes inflexiones en La Plata. Es el mes en el que los estudiantes comienzan a cerrar los proyectos que durante buena parte del año guió sus esfuerzos. Octubre es el mes de las definiciones académicas. Es el mes, también, en el que en el transcurso de unos pocos días, las peladas ramas de los árboles que bordean las calles se vuelven nuevamente verdes. Un verde más claro que el de noviembre y aún que el diciembre, ya más asentado.
Octubre es el mes en el que los pulóveres dejan paso a camisas o remeras, siempre más sugerentes. Y también es el mes en el que debutan en la temporada las mesitas en las veredas de los bares. Octubre es el mes de los nuevos amores y también de las preparaciones para la angustia de aquellos que el verano distanciará.
Octubre es un mes muy importante. Tan importante que merece la pena ser vivido auténticamente, sin burdas ficciones ni metafísicas cuestiones. Necesitamos poder hacer de esta primavera una verdadera salida del largo invierno que nos cuesta dejar atrás.

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