
Si bien la Legislatura es patrimonio del ser bonaerense, este magnífico edificio forma parte de nuestra arquitectura ciudadana. Si tuviera algún sentido institucional, sería perfecto.
Venimos reclamando...bah...algunos venimos pensando que la idea de la división republicana de poderes se encuentra algo deteriorada. En el caso de la provincia tenemos un Poder Judicial que pareciera estar a tono con la idea de república, pero en lo que hace al Poder Legislativo no deja de ser, al igual que a nivel nacional, una suerte de lo que algunos periodistas denominan "escribanía del poder ejecutivo".
Dentro de estas magníficas paredes se juegan procesos interminables de roscas que tienen como principal cometido la consagración de las ideas que vienen del edificio ubicado al otro lado de la plaza, como mero rebote de aquello que, en definitiva, tiene su origen en Balcarce 50.
En 7 y "52" los debates toman alguna forma razonable cada vez que las pujas por los intereses por controlar el poder provincial es puesto en juego. En esos momentos, la dinámica legislativa parece invocar la esencia de la institución. Una vez "acordado" el eje por el que serán puestas en juego las políticas oficiales, es decir, cuando el suficiente número de legisladores traspasó el muro de la obsecuencia, la tarea se vuelve nuevamente complacencia con el que manda.
Es cierto que en un esquema de organización política que desprecia el federalismo, las Cámaras legislativas provinciales carecen de las capacidades de representación de los intereses estaduales. Pero sería un lorgo enorme poder conferirles el sentido para el que este poder ha sido ideado hace tantos años ya.
Me quedo con el edificio, un verdadero monumento arquitectónico. Y una belleza que nuestra vista puede disfrutar.

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