Monday, September 25, 2006

Violetas


No sé si estas plantas son autóctonas de la región, aunque me parece que sí lo son. Crecen extendiéndose rápidamente, siendo además bastante resistentes. Yo al menos no les profiero ningún ciudado especial. Las flores poseen un delicadísimo perfume, casi insuperable.

Son fenomenales ya que cuando, en los meses del invierno casi no se observan expresiones florales, las violetas sobresalen dando colorido a los jardines que solo preservan algunos árboles de hojas perennes o pastos de invierno, como el raigrás, que alteran la uniformidad de las superficies que los jardines y parques tienen entre el final de la primavera y el verano.

Son realmente destacables, y se bancan las épocas más difíciles del año, climatológicamente hablando. Creo que su vida es una hermosa metáfora de lo que implica permanecer y expresar belleza aún en condiciones que parecen adversas. Una pequeña muestra que nuestra naturaleza nos proporciona. Naturaleza de la que deberíamos estar orgullosos y saber apreciar obteniendo de ella las profundas enseñanzas que ésta es capaz de suministrarnos a quienes, además de poseer cierta agudeza en la observación, estamos dispuestos a integrarla como parte de los grandes sentidos de nuestra vida.

Sunday, September 24, 2006

Observaciones sobre la identidad platense

Nunca pude explicarme bien por qué razones la ciudad de La Plata me atrapó desde pequeño. Lo cierto es que, ni bien pude, a eso de los 17 años y con la excusa del estudio universitario, me instalé aquí y, pese a varios intentos por trasladar mi vida a otras ciudades (tanto de la Argentina como del exterior), el aroma de los tilos en flor cerrando la primavera resultó siempre más poderoso.

Casi desde ese mismo momento inicial, cargado de fantasías e ilusiones adolescentes, comencé también a transitar en la búsqueda de las razones de tal movimiento migratorio. Fenómeno, por cierto, compartido por muchas otras personas que encuentran en esta ciudad razones para permanecer más allá del objetivo inicial por el que arriban.

La ciudad ha cambiado mucho desde entonces, aunque no tanto como yo. Conserva ciertamente su fantasía cosmopolita, aunque pareciera no animarse del todo a incorporar los cambios que conlleva una verdadera puesta en juego de creencias, valores y sentidos en el intercambio cultural.

En cuanto a lo cotidiano, se respira en la ciudad un aire de pesado abandono. Un sistema de tránsito saturado; espacios y calles renovados (y renovables, con periodicidad electoral) con parámetros de una estética al menos disonante con los deseos de rescate del patrimonio histórico y el estilo general de la arquitectura de la ciudad; construcciones de medio pelo que no alcanzan a satisfacer la demanda habitacional (debiéndose pagar caro por edificaciones de pésima calidad); inseguridad creciente, para la que se recomienda, entre otras cosas, no atravesar las plazas caminando -¡las plazas, justamente el espacio público que más identifica a nuestra ciudad!-; villas miseria y basurales en cualquier espacio disponible, como expresiones de abandono e impotencia que transforman la calidad de vida de todos en un estropicio de urbanidad.

Sus actividades centrales siguen atadas a un sector público crecientemente autorreferencial y a una universidad que hace agua por donde se la mire. Por lo demás, un sector comercial ligado a la provisión de bienes básicos que perece y revive cíclicamente en función de avatares estrictamente cambiarios. Nada de sentidos estratégicos.
Sí, tengo la certeza de que los platenses no conseguimos desplegar el potencial, en términos de la vitalidad necesaria que nos permita dar forma a un espacio en el que podamos expresar todas nuestras capacidades creativas.

Sobresale un imaginario altamente aferrado al romanticismo de la militancia, con códigos y prácticas de una época pasada que logra filtrarse hasta hoy mucho más absurdamente que como parodia. Sostenida por una filosofía de la proscripción del presente -y con ello del futuro-, este pasado tiene el camino allanado por la afasia impotente de un submundo intelectual culposo que legitima la veneración de valores claramente retrógrados, aquellos que ofrecen una visión de la vida cargada de nostalgia y melancolía respecto del pasado.

Es cierto que esta mirada tanguera no es patrimonio exclusivo de la platensidad, que es parte de un sentir nacional. Pero en La Plata se manifiestan potenciados, y con el mayor despliegue simbólico que haya visto jamás.

Los platenses tenemos para cada problema una marcha. Para cada potencial situación desafiante que implique tomar decisiones (reales, de tangible materialidad, incluyendo a sus inherentes riesgos), desplegamos el mayor arsenal simbólico del que solo son capaces aquellos que no se animan en la tarea del hacer.

Si bien aquí algunos hechos de la historia no tan reciente se expresaron con el más crudo dramatismo, no justifica el deterioro tan evidente en las capacidades de comprensión de la vida social, del entendimiento de la complejidad y la crudeza de sus juegos esenciales. Mucho menos se justifica inyectar (a quienes van incorporándose a la tarea de producir la ciudad), las miserias y las limitaciones de una ideología del fracaso, que ha sido, es y será incapaz de reconocer las esenciales variables de los procesos de cambio. Una estética de la marcha que apuesta a girar, solo para volver al mismo lugar. Presencia de un pasado del que no deberíamos enorgullecernos, y que, como tal, jaquea las posibilidades de andar por el presente. Presente que requiere, para su aprehensión, nuevas capacidades, innovadoras modalidades de relacionamiento y, sobre todo, velocidad. Nos ata una moral conservadora que busca refugio en el alambre. Y el alambre es el opuesto del cable; de la conexión, claro.

¿No puede entenderse que enfrentar los problemas con símbolos tan solo habilita a permanecer inmutables ante la realidad? Antes que dedicarnos a la tarea de producción de rituales y ceremonias bien podríamos decidirnos a moldear las formas de respuesta que permitan alcanzar lo deseado; a desarrollar hazañas creativas que nos ubiquen afirmativamente en un entorno social complejo pero cargado de oportunidades.

Debemos comprender que detrás de esa moral que supone la preocupación por las buenas causas, se inhabilitan las capacidades del pensamiento y de la acción, única vía para amasar una realidad superadora de ese pasado limitativo que nos angustia por hacerlo también nuestro presente. El único camino es el de los esfuerzos personales y comunitarios, que por otra parte requiere cualquier proceso productivo.

Podríamos pasar largo rato teorizando y buscando culpables de las dramáticas escenas de nuestra vida cotidiana. Pero justamente se trata de lo opuesto. De poder concentrarnos en fijar horizontes de acción. En poner en marcha un motor que se encuentra plantado, paradójicamente por funcionar más en punto muerto que en las velocidades de avance.

¿Qué es lo que deberíamos hacer, entonces? En principio, realizar el intento por abandonar la ilusión de que con las buenas intenciones y las gestas simbólicas alcanza para estar mejor. Asumir las complejidades del mundo y de las relaciones sociales podría ser un excelente punto de partida. Complejidades que por otra parte deberían ser abordadas desde criterios de simplicidad. Sí: nada mejor que la simplicidad creativa para dar cuenta de objetivos alcanzables en el contexto de cambios y oportunidades que el mundo nos ofrece.

Hay dos cuestiones que deben (debemos) consolidar en este punto de partida para la inmersión en procesos de crecimiento. El primero de ellos, se trata de clarificar los puntos centrales de nuestra identidad ciudadana, esto es, quiénes en realidad somos. El segundo de ellos, se orienta por la definición de qué queremos ser en realidad, esto es, cómo nos gustaría ser considerados, lo que obliga al trazado de ejes de acción orientados por ello. ¿Tecnologías del management? Sí, claro. Las mismas que se han utilizado y se utilizan en el diseño y ejecución de las políticas públicas de desarrollo por parte de ciudades que hoy se destacan en el mundo. Perth, Melbourne, Brisbane, Adelaida en Australia, Vancouver y Toronto en Canadá, Boston, Fremont, Palo Alto, Oxford, Barcelona, Viena y Bruselas en otras partes del mundo. La lista podría ser tan larga como reveladora de la simplicidad de la que hablaba.

Identidad es el talento –mejor: talentos, pues los talentos son, en primer lugar, personales- puesto en conjunción con aquellos valores que guiarán nuestra acción. Valores en un sentido opuesto a la idea de tradicionalismos que deben respetarse a rajatabla en pos de la consecución de un orden ficticio. Valores prácticos, plásticos, que permitan acompañar la marcha de los procesos fenomenales del cambio global. Valores que habiliten a los talentos motorizar los procesos de innovación; transformar la realidad a partir de lo que somos.

El segundo paso debería consistir en utilizar dichos talentos en la definición de lo que pretendemos ser. Esto es, sencillamente, definir qué queremos que nuestra ciudad sea. Básicamente se trata, aquí también al igual que en el camino que sigue, de poner en funcionamiento las capacidades de creación.

Pero para ello se requiere tenerlos, o mejor, retenerlos. Nuestra ciudad, con un potencial de talentos destacado, no lo está logrando. Si tanto nos preocupa la “fuga de cerebros” a nivel país: ¿No podríamos pensar sensatamente que el mismo fenómeno acontece puertas adentro de nuestra ciudad? Basta con transitar la autopista diariamente para ver cómo buena parte de ellos buscan (buscamos) en Buenos Aires las oportunidades que la ciudad de La Plata parece negarnos.

En posteriores entregas propondré algunas ideas que creo perfectamente realizables por nuestra parte. Ideas ambiciosas pero con horizontes razonables de concreción. Y, por sobre todo, ideas que habiliten animarnos en la tarea de despertar deseos y desplegar energías creadoras en nuestra comunidad. La primera de esta lista, bien podría estar contenida en el artículo relacionado con la universidad, ya publicado en este blog, sobre la base de reimaginar la universidad, de cara al siglo XXI, pero D.C.

Monday, September 18, 2006

De Sabuesos y Policías


Realmente me impresionó la labor realizada por la actual gestión provincial en materia de racaudación de ingresos. El funcionario Montoya, más allá de payasescas operaciones mediáticas a las que se sometió (y nos sometió), realmente ha cambiado la relación de los bonaerenses con el fisco. Una labor que personalmente destaco.

Solo una cosa me molesta profundamente. Se trata de su permanente tratamiento de la morosidad como sinónimo de la evasión. Cuestión que no es menor, toda vez que el primer término hace referencia a aquellas personas que, habiendo declarado su base imponible, por alguna razón (justificada o no, no viene al caso) se encuentran con retrasos en el pago, mientras que la segunda categoria, esto es, el evasor, es aquél que no ha declarado su base imponible o la ha falseado.

Son diferencias no menores, y el afán recaudatorio no puede dañar la necesidad de comunicar la verdad a la ciudadanía. Me llamó siempre la atención que nadie le haya marcado esta grosera diferencia conceptual.

Sentidos Institucionales


Si bien la Legislatura es patrimonio del ser bonaerense, este magnífico edificio forma parte de nuestra arquitectura ciudadana. Si tuviera algún sentido institucional, sería perfecto.

Venimos reclamando...bah...algunos venimos pensando que la idea de la división republicana de poderes se encuentra algo deteriorada. En el caso de la provincia tenemos un Poder Judicial que pareciera estar a tono con la idea de república, pero en lo que hace al Poder Legislativo no deja de ser, al igual que a nivel nacional, una suerte de lo que algunos periodistas denominan "escribanía del poder ejecutivo".

Dentro de estas magníficas paredes se juegan procesos interminables de roscas que tienen como principal cometido la consagración de las ideas que vienen del edificio ubicado al otro lado de la plaza, como mero rebote de aquello que, en definitiva, tiene su origen en Balcarce 50.

En 7 y "52" los debates toman alguna forma razonable cada vez que las pujas por los intereses por controlar el poder provincial es puesto en juego. En esos momentos, la dinámica legislativa parece invocar la esencia de la institución. Una vez "acordado" el eje por el que serán puestas en juego las políticas oficiales, es decir, cuando el suficiente número de legisladores traspasó el muro de la obsecuencia, la tarea se vuelve nuevamente complacencia con el que manda.

Es cierto que en un esquema de organización política que desprecia el federalismo, las Cámaras legislativas provinciales carecen de las capacidades de representación de los intereses estaduales. Pero sería un lorgo enorme poder conferirles el sentido para el que este poder ha sido ideado hace tantos años ya.

Me quedo con el edificio, un verdadero monumento arquitectónico. Y una belleza que nuestra vista puede disfrutar.

Friday, September 15, 2006

¿Fusión?

Este tipo de mixturas tienen lugar frecuentemente en la ciudad. Es cierto que el valor de los lotes dentro del perímetro del casco urbano es elevado. Pero quizá sería bueno planificar la ciudad pensando zonas en las que el desarrollo edilicio para arriba sea lo corriente, respetando también las construcciones antiguas.

La Plata tiene construcciones de larga data que realmente son bellísimas, y su puesta en valor seguramente podrían realzar el valor turístico de la ciudad. Tierras en donde poder conformar polos inmobiliarios sobran.

El desarrollo es fantástico, así como los diseños arquitectónicos de última generación para edificios. Solo me parece que una mejor planificación podría hacer convivir los distintos estilos que caracterizan a la ciudad, incluso mejorando las capacidades de infraestructura en nuevas zonas del partido.

Saturday, September 09, 2006

Una Universidad para el siglo XXI, pero D.C.

La Universidad Nacional de La Plata ostenta el prestigio de ser una de las primeras altas casas de estudios argentinas. Incluso, llamativamente, conserva cierto prestigio académico.
De lo que sin dudas también puede jactarse es de ser una de las universidades más altamente fragmentadas y poseedoras de una estructura edilicia en la que podrían producirse los films de horror más aterradores.
Esta universidad, en la que me formé y a la que amo profundamente es, fundamentalmente, fea. Con la probable excepción de los edificios del Rectorado y la Facultad de Ciencias Agrarias, su patrimonio edilicio es estéticamente invalorable (por el simple hecho de que no tienen valor estético) y disfuncionales respecto de cualquier proceso de producción científica y pedagógica.
Sabiendo que los procesos de decadencia de la calidad educativa en las universidades son de compleja trama y que involucran dimensiones varias, distintas de las estructurales, ¿tiene sentido conservar espacios de altísimo valor inmobiliario y escasa utilidad para los procesos educacionales e investigativos?
Los tiene si pensamos que entre esas paredes descascaradas y húmedas de toda humedad se forjaron mentes brillantes que legaron buena parte del capital intelectual del que nos preciamos como ciudadanos platenses. Lo tiene también si queremos continuar aferrados a los valores y sentidos de una época que pasó y de la que no pretendemos deshacernos porque estamos imposibilitados para encaminarnos en un recorrido de nuevas creaciones.
Por otra parte: ¿es nuestra universidad un espacio que atraiga a los militantes del presente, los creadores de la riqueza por venir? Sin dudas no lo es. Y aunque también esto se encuentre limitado por las pobres aspiraciones generalizadas que abrigan los bienintencionados promotores de “la educación nacional y popular” o de la “universidad de los trabajadores”, la universidad no parece poder insertarse activamente en el estratégico rumbo que el conocimiento impone al mundo de los negocios hoy más que nunca antes.
Las universidades nacionales argentinas son islas, se sabe. Islas que, contrariamente a lo esperado de ellas, reniegan de intrometerse en todo aquello que implique producción de desarrollo. Y la UNLP debe estar entre las mejores rankeadas en este oficio, a excepción de algunas experiencias destacadas que deberían replicarse como verdaderos virus. No se trata de “extensión universitaria” sino de “inmersión universitaria” (a la vida real).
El escaso contacto con la realidad se piensa (con base culposa y retrógrada) como la necesidad de ampliar las bases de acceso irrestricto y de devolver a la comunidad, en términos de servicios asistencialistas, producciones miserables que la sociedad no demanda, privándola, en la misma jugada, de capitalizar las ventajas que una universidad sensata debería generar, cuanto menos, en las comunidades en las que se asientan.
Sé que introducir cambios a esta manera de entender la universidad sería difícil. Sin dudas ambicioso. Pero la realidad muestra que incluso hay países que se han planteado hacer de sus universidades nacionales el motor de su vinculación con el mundo. Australia, Nueva Zelanda y Canadá (entre muchos otros países) representan antecedentes destacados de experiencias exitosas en este sentido.
Soy consciente también de que cualquier cambio propuesto debería superar un sinfín de marchas, tomas de edificios, abrazamientos, cortes de calles, recitales de protesta, escraches, fogones, ferias de artesanías temáticas, volanteadas, pintadas y presentaciones judiciales en defensa de derechos humanos. Sartreadas de cotillón. Un buen punto de partida podría ser, por ejemplo, anunciar los cambios en el mes de mayo, ya que en ese simbólico mes, sin importar lo que pase, habrá estudiantinas (que, por cierto, incluirán a un número nada despreciable de docentes y militantes en contra de la exclusión de Plutón del Sistema Solar).
Volviendo a algo menos movilizador: ¿Qué tal deshacerse de los viejos edificios de la universidad y “canjearlos” por un proyecto edilicio que los integre en un gran complejo universitario, al estilo de las grandes universidades del mundo? ¿No sería éste un desafío importante para renovar una de las preciadas fortalezas platenses? ¿Podría ser esta idea generadora de la vitalidad de la que hoy carece la enorme población de nuestra ciudad relacionada de algún modo con la universidad? Sobran casos en el mundo en los que grandes centros urbanos se han desarrollado con base en una universidad.
El valor de venta de todas las actuales sedes facultativas sin dudas superaría ampliamente los costos de construcción de un complejo integral, por ejemplo, en tierras cercanas a la salida de la autopista. Un lugar privilegiado por el rápido acceso a los aeropuertos de Ezeiza y Jorge Newbery, hecho central para cualquier universidad con pretensiones de vincularse con el mundo (ya sea por ambición de ubicarse en las fronteras del conocimiento, como por atraer estudiantes globales. En realidad ambas consideraciones responden a la misma cosa).
Si bien hay mucho conocimiento respecto de las ventajas de esta disposición espacial de las universidades, incluyendo la profusa teoría de clusters, conviene repasar algunas posibles implicaciones positivas de este potencial emprendimiento:
Sería un espacio más eficiente, por simple cuestión de economía de escala. Los insumos tendrían un destino de uso más preciso generando mayores utilidades. ¿Suena muy económico? Sí, lo es. Para eso están la economía y la administración de recursos.
Podría contarse con un Laboratorio que disponga de todas las nuevas tecnologías de la información. Parece menor, pero aún hoy los alumnos de la mayoría de las facultades entregan sus trabajos en papel. No en homenaje a la Birome, sino por imposibilidad de costear equipamiento e insumos informáticos y conectividad. ¡Conectividad inalámbrica ya para todos los estudiantes y profesores de la universidad! Una laptop para cada uno no parece descabellado, ¿no lo oyeron a Negroponte?
Un Laboratorio integrado para ciencias exactas y biológicas, de última generación, vinculado al de informática sería otra posibilidad. Concentraría la actual diseminación de tubos de ensayo por toda la ciudad al tiempo que permitiría integrar perspectivas provenientes de distintos campos que en la actualidad se encuentran altamente compartimentados. Un biólogo, un químico, un bioquímico o un veterinario tratan con similares objetos de estudio y convendría plantearse modalidades de trabajo interdisciplinarias cuando no transdisciplinarias.
Un Hospital de alta complejidad. La asistencia primaria es de central importancia en un Sistema de Salud; sin ninguna duda las políticas públicas sectoriales deberían poner el mayor esfuerzo en mejorar esos servicios. Pero la atención de cuadros de desnutrición o la difusión de la lactancia materna no requieren de conocimientos de vanguardia. Las investigaciones médicas deberían poder concentrarse en los cambios que las biotecnologías y los diagnósticos por imágenes (entre otros estupendos avances) imponen al saber de las ciencias de la salud.
Otra cosa: ¿Qué sentido tiene que estudiantes de derecho, sociología, psicología o economía estudien a Hegel, Popper, Weber, Kant o a Smith por vías distintas? ¡¿Qué?! ¿Qué los estudiantes de psicología no leen a Adam Smith? Bueno, quizás esta pueda ser una ocasión para que no se lo pierdan. ¿O la psicología del consumidor es materia sólo de los administradores?
Escuela de idiomas: No tan solo para un inglés que debería ser prerrequisito para el ingreso, sino como parte de la experiencia de integración de la vida académica con otras lenguas que se suponen necesarias para el desarrollo de vinculaciones científico-tecnológicas.
La interacción entre carreras, la riqueza de compartir departamentos -sí, dije departamentos y no cátedras- y seminarios en un ambiente que los nuclee, otra gran posibilidad. Desarrollo de verdaderas redes, esas que hoy existen más en los papers que en la vida académica real. Por otra parte, están muy bien los encuentros de los viernes o sábados por la noche en ocasión de un merecido descanso, pero un campus universitario podría hacer prolongar esas relaciones incluso en ocasión de estudio.
Como complemento de lo anterior, la existencia de un Comedor Universitario, que evite gastos y tiempos de traslado innecesarios, sería otro espacio para la interacción. No solo el sentido de un comedor central está en ofrecer platos a bajo costo, aunque ciertamente es importante. Pero aquí también, por un tema de escala, los costos serían los más bajos posibles.
Una Biblioteca Central con acceso a las bases de información más destacadas es también una gran ventaja. Ya sé que leer en papel original una crónica publicada el 26 de agosto de 1923 tiene valor. Pero también es bueno poder imponerse del estado del arte en aquello que pretendemos investigar con solo caminar algunos metros desde el aula.
Podríamos sin dudas continuar enumerando beneficios. Pero creo que estos son motivos más que suficientes para, al menos, intentar conferir nuevos sentidos y pasiones a la desencantada vida universitaria actual.Cierto es que este proyecto no puede pensarse para una universidad de 50.000 alumnos. Aunque en realidad ningún proyecto serio que pretenda reimaginar la universidad puede considerarse razonable mientras anteponga falsos criterios de democratización a una actividad humana que requiere, como eje central para su aporte al desarrollo, la excelencia en términos de calidad educativa y de investigación. Una forma de distinguir entre las expresiones talentosas para la vida universitaria de aquellas que no lo son.

Friday, September 08, 2006

Creatividad y Dinosaurios

Navegando por el site Econored.org (sitio diseñado por jóvenes emprendedores estudiantes de economía, quienes armaron un espacio orientado a vincular estudiantes de ciencias económicas, con info de publicaciones, eventos, etc.) me encontré con con unas jornadas organizadas en la Facultad de Cs. Económicas de la UNLP llamadas "Jornadas de Economía y Memoria". Impresionante.

Me produjo una desagradable sensación. Si bien la asociación de conceptos es una técnica que me parece productiva, en este caso me causó la sensación de que era creativo, pero al revés. Por supuesto que los disertantes serán eméritos profesores de la UBA y UNLP, sexagenarios (y otros no tanto) integrantes de un submundo intelectual culposo empeñado en la proscripción del presente. ¿Hasta cuando seguiremos engañándonos mirando para atrás?

Esta combinación es un claro ejemplo del desafío que tenemos por delante. Por un lado, un proyecto innovador muy interesante que es parte de lo que por suerte "se viene". Por otra parte, las trazas del arcaísmo academico, operando como una suerte de militancia del pasado.

Me vinieron a la mente (entre otras cosas) los pasajes de una lectura que hice hace un tiempito, que me parecen iluminadores de la relación entre creatividad y memoria. Son de Osho, de su libro "Inteligencia":

"La memoria un día tiene que irse completamente. Si está desapareciendo, es una buena señal. Estar limpio de memoria significa estar limpio de pasado, y estar limpio de pasado es estar absolutamente abierto y disponible al futuro. La memoria no es del futuro, la memoria es del pasado, es siempre un cementerio".

"La memoria es el modo del hombre no iluminado. Alguien que no puede responder a la realidad inmediatamente necesita un sistema de memoria para poder recordar viejas respuestas, viejas situaciones…lo que ha hecho antes. Pero entonces su respuesta ya no es una respuesta, se vuelve una reacción. Y todas las reacciones se quedan cortas ante la situación que tienes ante ti, porque la situación está cambiando continuamente, y las respuestas que hay en tu memoria no cambian. Son mercancías muertas, permanecen igual".

Link: http://www.econored.org/
Econored es un proyecto realizado por jóvenes de nuestra ciudad, realmente bien pensado. Ideas de este tipo son las que los platenses debieramos aspirar a replicar.

La foto es en homenaje a Steve Irwin, el fenomenal australiano "crocodile hunter". Pero también podría pensarse en relación a la era de los dinosaurios, ya que estos terribles animalitos son de esa época y sobrevivieron a las causas que extinguieron a sus parientes.

Monday, September 04, 2006

Jazmines


El clima ribereño, con elevada humedad la mayor parte del año, de esas que hacen sentir el frío más profundamente, logran también que podamos disfrutar de la expresión de todo tipo de situaciones botánicas.

En pleno invierno, y con temperaturas realmente bajas, en La Plata se expresan todas las formas de la vida vegetal. Ejemplo de ello son estos maravillosos jazmines, que entregan un perfume increíble, especialmente por las noches de agosto y septiembre, cuando todavía no nos deshicimos de los abrigos y la calefacción.

Otra de las maravillas de una ciudad que mostrará, desde aquí en adelante hasta el comienzo tardío del próximo invierno, una secuencia de colores y perfumes difíciles de hallar en estas latitudes.